Las empresas no nacen innovadoras

Este es uno de los grandes problemas a los que se enfrentan las empresas en tiempos de crisis o en momentos complejos. Entender la innovación, compartirla y extenderla en las organizaciones no es nada fácil si no se ha nacido «innovador».

Es como la vida misma. Somos como somos y cambiarnos, a ciertas edades, resulta prácticamente imposible. Y si en la vida, nos rodeamos de aquellos que nos permiten «ser como somos», es porque nos han acompañado durante un largo periodo y nos admiten «tal y como somos». En la empresa, en el mundo del cambio permanente, esto es un lastre. Un handicap de dificil solución.

Muchas empresas u organizaciones, se engalanan de innovación, se llenan de palabras que intentan transformar su crisis de identidad y presentarse ante el mundo como «una nueva etapa». Pero la experiencia nos dice que el posicionamiento es clave. Y el posicionamiento no es lo que uno pretende ser, sino lo que los clientes y personas de la organización «piensan que eres». Textualmente: «El posicionamiento es lo que está en la mente del consumidor». Pues eso, si te crees interesante, pero la gente te percibe como un pesado que solo se escucha a si mismo, lo tendrás dificil. Tan sólo unos pocos, te soportarán tal y como eres.

En los procesos de cambio empresarial, algo fundamental en los tiempos que corren, el principal problema es ese: Pretender ser algo que realmente no eres. Y es un momento delicado. Alguien te tiene que decir: » Mira, no es innovador quien dice serlo, sino quien es percibido como tal».

Este problema me lo he encontrado en un 99 % de las empresas con las que he tenido relación o he hablado con sus responsables. Y a todos los que quieren empezar un proceso de «Camino hacia la Innovación», les he comentado lo mismo: «Es complejo, no has nacido innovador. Será un camino complicado, lleno de baches y problemas, pero que con fuerza y convencimiento, se puede superar y llegar a la autopista de la innovación«.

Los procesos de cambio radicales son necesarios en esta época de incertidumbre. Los porcentajes de éxito son históricamente mínimos. Aquellas empresas que lo han intentado, sin haber nacido innovadoras, han tenido enormes problemas para concluir ese camino. La mayoría de ellas, han fracasado en el intento. Según los datos que circulan por las consultoras más importantes, aproximadamente no más del 15 % de las empresas u organizaciones lo han conseguido. Ser innovador sin nacer innovador es un proceso de transformación de una envergadura importante.

Consideremos el caso de las empresas españolas. La gran mayoría están ancladas en formas de gestión muy tradicionales. Consecuencia del tiempo, de las experiencias. El 99% de ellas no han nacido con procesos de gestión innovadores, las estructuras son muy verticales, los impulsos innovadores vienen de la I+D, de soluciones encontradas en un momento determinado o de huecos adaptados a los productos de la casa. Estos impulsos les han permitido vivir de forma tradicional durante un largo periodo de tiempo. Esto, en términos generales, se ha terminado.

Y en estos momentos de estancamiento, de cambios de ciclo, muchos giran la cabeza e intentan encontrar un nuevo impulso, implicando a los empleados, a personas que ellos han «utilizado», o a las que no «han prestado atención». Pero, desgraciadamente, es tarde. Toda la complejidad de una organización no se soluciona con una carta brillante o un fin de semana de retiro. Los tiempos han cambiado. Las personas son las que provocan la innovación y para ello la empresa debe transformarse completamente. Sin prisa, pero sin pausa. Ir hacia procesos de gestión de personas utilizando la horizontalidad, eliminando barreras de poder e influencia, dejando fluir la participación, reconsiderando el poder de la decisión y abriendo la innovación hacia todos los ámbitos, no es tarea fácil, pero es lo que toca. Y la pregunta es:

¿ Están las empresas y las instituciones españolas preparadas para afrontar ese camino?

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