Esta semana tomaba un café con un buen talento. Persona de las que siempre aprendes y sientes que ella aprende con tu conversación. Esa tarde hablamos de trabajo, de cómo nos empeñamos en seguir marcos de trabajo muy tradicionales para producir/prestar servicios que cada día precisan de mayor dinamismo, creatividad y flexibilidad. En la mayoría de las empresas es aún así. Sin embargo, el trabajo ya no es  ”sólo” trabajar. Trabajar ya no es sólo ir al trabajo. “Ir a trabajar” es quizás una de las expresiones que más carga mental pesimista nos hace arrastrar. Empleamos la expresión con desánimo y habitualmente al regreso de unas vacaciones o en la típica tarde-noche del domingo. ¿Quién no ha tenido alguna vez esa sensación? ¿Cuándo vamos a plantearnos un cambio real?

El desarrollo no está en franquiciar el cubículo.

Cubicle in the Business Library. Yuan2003. Flickr.com

Durante la última década nos hemos empeñado en transformar los entornos y puestos físicos de trabajo, incluir las herramientas tecnológicas necesarias y llenar de buenas intenciones los departamentos de desarrollo de personas. Hay sin duda casos de éxito relevantes, pero en general hemos puesto un buen escenario irreal de cartón piedra con un cierto vacío tras él.

Hablamos en esa conversación de la generación de valor que reclaman las organizaciones: se busca la máxima proactividad entre los empleados, proporcionar nuevas soluciones, mayor aportación de ideas y una constante búsqueda de la innovación. Sin embargo, no ocurre, no sucede. Las ocho horas laborales pasan llenas de reuniones, trabajo y exigencia alejadas de los objetivos pensados. El formato limita la proactividad, elimina de raíz (por la burocracia existente) cualquier atisbo de nuevas soluciones, aparca en el baúl del empleado las nuevas ideas y ralentiza cualquier búsqueda de la innovación constante. Se extiende la sensación entre los directivos que “las cosas no ocurren”, “no entendemos la desmotivación e insatisfacción de las personas”. Si lo pensamos bien, hemos volcado nuestro esfuerzo en lo cosmético y no queremos entrar en la revolución real: El trabajo, entendido como lo que se desarrolla actualmente durante ocho horas al día,  ha de reinventarse para adaptarse a la velocidad y necesidad del entorno de este principio de siglo. Hemos  creído mejorar  mediante la monotonía absoluta en la organización. Las oficinas se han convertido en franquicias de cubículos.

Cambiar está en nuestras manos

Sé que decir esto es fácil. Pensar en nuevas posibilidades es algo más complejo y, definitivamente, hacerlo es un reto de alto calado. Evidentemente es más complicado, aunque no imposible, desarrollar este nuevo concepto en una gran empresa. Muchas de éstas son espacios de alta burocracia, lentitud en los cambios y fuertes barreras de protección que hacen intratables la eliminación de poderosos silos. Pero hay varias de estas grandes empresas que están cambiando a un rápido ritmo. Y también es cierto que no todos los mercados precisan de la misma velocidad de cambio de rumbo. Irse de un extremo a otro sólo puede provocar, en la mayoría de los casos, tsunamis de consecuencias imprevisibles. El mismo traje no es válido para todo tipo de empresa y en ese sentido, es fácil caer en el error de aplicar fórmulas que siendo válidas para una organización no son adecuadas para otras muchas que tienen síntomas diferentes. Eso sí, el tiempo pasa y las actuaciones deben ser cada vez más rápidas e impactantes. La cosmética debe quedar atrás.

Hace unos días leía esta entrevista en FastCompany a Jason Fried, CEO de 37Signals, donde él comenta sus opiniones en este sentido. Una persona que cree firmemente en un nuevo concepto del binomio “vida-trabajo”. Recomiendo su lectura porque es ciertamente revelador su pensamiento. Probablemente, no sea cuestión de seguirlo al pie de la letra, pero sí que indica nuevos conceptos que conceden desde la propia organización, un nuevo valor hacia la relación persona-empresa. Seguramente haya otros muchos ejemplos que nos vayan ayudando a construir esta nueva fórmula de “trabajo”. Os dejo también un video en una charla suya en un TEDx, que al margen de las posibles anécdotas, incide en el cambio del concepto de trabajar en una oficina. Para él, estar trabajando no es sinónimo de “hacer el trabajo”.

Al terminar el café, hablamos de la necesidad de llevar esto adelante, de seguir comentando e involucrando a otros para profundizar sobre cómo repensar el trabajo de una persona en el entorno actual. Y no sólo hablamos de tecnología, de aplicaciones, de espacios; hablamos de diversidad de funciones, de horizontalidad, de cooperación entre iniciativas personales y empresa, en ampliar los nodos de relación individuo+red+empresa, en impulso personal de emprendimiento e involucración social, en una valoración real por producción y no por tiempo, remuneración flexible, etc. Debemos llegar al fondo de la cuestión y redefinir que organización queremos y cómo debe ser la relación entre personas, sus intereses y los de la empresa. Y descubriremos muchos puntos en común y nuevos formatos de trabajo, nuevos espacios orientados a la colaboración, mayor calidad y mejora de la productividad.

Estamos ante una nueva era, donde el reloj corre a una velocidad de vértigo. Las personas quieren ser protagonistas de su propia vida, desarrollar aquello que más les motiva y prestar su talento para crear nuevas oportunidades. Las organizaciones quieren crecer, ser rentables e innovar, avanzando hacia nuevos mercados, mejorando la experiencia de sus clientes y desarrollando la sociedad en la que vivimos. Seguro que es posible construir en conjunto.



Mucha razón tiene David Martinez en su post “gurus de la nada”.  Sin ser tan categórico en las afirmaciones, si creo que no le falta razón en la sociotontería en la que estamos involucrados. Ya no valoramos la calidad, sino la cantidad. Y no es una sorpresa ver la aproximación de una socioburbuja a velocidad de vértigo. De los Community Managers que en cierta medida se han llegado a profesionalizar, pasamos a los Content Curators y así hasta el próximo boom de comunicación social. ¿Pero dónde hemos dejado los valores primarios de la Red?  Algún día quisiera escribir sobre esto. Los valores son esenciales en la vida y por tanto, lo son también en La Red.

Todo tiende a lo social, pero lo social no lo es todo.

Llevo un tiempo de relación amor-odio con todo esto de “Lo Social”. Primero fue el furor “Web 2.0″, término maldito allá donde los haya pero semilla esencial de todo esto; luego el llamado “Social Media”, lugar en el que todos nos convertimos en “gurús” de la noche a la mañana y donde tiene aún un largo recorrido de vida debido a la transformación (sin duda, real) que se está produciendo en la manera en que empresas, personas, instituciones y ciudadanos se comunican. La siguiente ola en la que estamos metidos ahora mismo,  tiende a la “hipersocialización”: todo es social y se debe explicitar en público a través del mal uso de aplicaciones que provocan un amplio ruido social. Olvidándonos del fondo, generamos un ruido personal infernal y estamos más centrados en lo personal que en las enormes posibilidades que la Red nos pone en bandeja. Que conste que muchas de estas aplicaciones nacieron bien orientadas, haciendo atractivo su uso en diferentes entornos y momentos. En algunos casos, también para entretenernos, que no todo va a ser purismo total.

Tuiteo (todo) , luego existo (totalmente).

La geolocalización tuvo mucho interés en su momento por la cantidad de posibilidades que podría explotar. En muchos campos, como el marketing, el periodismo, los congresos, etc.,  permite abrir nuevas ofertas de servicios o el desarrollo de nuevas formas de realizar procesos. Y hay otras muchas opciones aun sin explorar. El problema aparece cuando se utiliza para “compartir” algo que es irrelevante, con todo el mundo y en todas las redes. El hecho que estés en una pizzería en Mojacar, quizás pueda ser de interés para la pizzería ( si tiene algún programa de fidelización o de marketing social basado en la geolocalización), pero dudo que sea de interés para el TimeLine de Twitter.  ¿Por qué no lo publicas solamente en tu foursquare? Así, la propia pizzeria u otros amigos, pueden saber que estás allí o cerca de ellos. Quizás quieras ser el Mayor de la pizzería y acumular “trofeos”, pero no creo que sea importante que sepamos en el resto de las redes que lo eres o intentas serlo. Pues en esas estamos. Así, acabaremos “asesinando socialmente” algo relativamente interesante para otros muchos campos.

La sociotonteria, tiene mucho que ver con la Omnipresencia digital. Nada veo de malo que ocasionalmente quieras hacer llegar un mismo mensaje a diferentes redes (por ejemplo, cuando publicas un post o cuando el mensaje es importante, buscas respuestas o conversaciones sobre una temática con diferentes personas), pero publicar que “mis tres seguidores más importantes de la semana son…” en todas las redes del mundo mundial, es ruido. Si tu equipo preferido ha marcado un gol, no puede ser publicado en linkedIn. Las cosas como son. Y como estos, cientos de ejemplos. No veo más objetivo en este ruido que engordar nuestro “impacto digital”.

Otro elemento de esta sociotontería es la exhibición permanente “no solicitada”. Me explico: cuando aceptas a alguien porque te interesa lo que piensa o lo que escribe o lo que hace, o simplemente porque lo consideras cercano a ti, no debería de darles a algunos la carta libre de publicar todo lo que quiera en mi timeline. Evidentemente lo podría borrar de mis contactos, pero es que en la mayoría de los casos, siguen interesándome otras cosas de esa persona. Pero no cuando pasea por la playa con su suegra en un domingo caluroso después de haberse zampado con su cuñado una paella playera (obviamente compartida toda la jornada via instagram, en twitter y facebook con interesantes fotos a una paellera repleta de langostinos). Quizás con una foto en facebook hubiera bastado….  Por eso Pinterest me gusta, ya que puedo seguir Boards que me interesan de la gente, eso sí mientras no lo publiquen en las otras redes…., y no seguir sus gustos culinarios o musicales que quizás no me interesen. Lastima que en Pinterest no publiquemos todo y es que requiere de cierta organización; algo que parece reñido con lo instantáneo y lo omnipresente… :-)

Retuit que algo queda.

El otro dia escribí algo en twitter sobre el ReTweet. Los que lo utilizan en demasía no saben aún el daño que están haciendo al buen uso por el que fue creado: mencionar a alguien que ha escrito o compartido algo que tu quieres compartir a su vez en tu timeline. Lamentablemente para mi RT es ya Ruido Tremendo. Y digo lamentablemente porque es algo que creo que tiene una gran utilidad, favorece la comunicación instantánea, permite la rapidez a la hora de propagar una información relevante y da visibilidad a los creadores, generadores y distribuidores de contenido. El RT merece un post aparte, en donde intentar explicar por qué algunos se RT a si mismos, otros RT cuando les nombran, otros RT simplemente por que el retuiteado les conozca, algunos RT algunos enlaces sin tiempo material de leer su contenido, lo cual tiene relación con lo anterior, otros RT cuando en Klout alguien les da un K+, otros….. en fin, interminable. A mi me ha llevado a utilizar más el “via…” pero no tendría ningún problema en RT e incluso creo que es bueno agradecer cuando alguien te RT algun articulo, opinión o mensaje. Lo cortés no quita lo valiente. Eso sí, si es posible, en bloque y sin incorporar el RT. :-)

Y otro día podríamos hablar de los FF, klout, las recomendaciones del LinkedIn, etc,… todo un EGOmundo ahí fuera….La sociotontería se extiende sin pausa.

La Red que impulsa a las personas

Sabemos que esto va de conversaciones, de relaciones, de colaboración, de transparencia, de generosidad, de horizontalidad. Sabemos que es de personas con personas que transforman, que estamos creando una nueva forma de comunicarnos, de actuar, de pensar en conjunto para abrir nuevos horizontes. Conocemos que funciona, que la Red ha llegado para quedarse, que es un elemento disruptivo, esencial para el siglo XXI. Sabemos de su fuerza, de la capacidad de generar cambios, de intercambio instantáneo de conocimiento, de nuevas formas de relacionarnos con el entorno, con las instituciones, con las empresas y entre nosotros. Podemos conversar, podemos interactuar, entretenernos, compartir emociones, momentos e instantes personales, sin duda. Pero en mi opinión, hay lineas que siendo comprensibles no deberíamos cruzar en demasía, porque “expulsan” más que atraen, limitan más que permiten y van más hacia el ego que hacia el grupo.

Seguirá habiendo un incremento de esta nueva “ola social”, sin duda,  pero debemos también poner los cimientos de la nueva Red, basada en los valores, orientada a la actuación,  al cambio, a la creación de aplicaciones e iniciativas que solucionen los problemas que la sociedad en general tiene. La Red puede jugar un gran papel en ello y ser una gran palanca que impulse la nueva sociedad en donde vamos a vivir. Estoy seguro que así será. En nuestras manos está mejorarla, cuidarla y hacer que crezca para que ocurra.


Recuperando entradas realizadas en otros espacios.

Esta entrada fue publicada en el blog de everis en febrero de 2011. Ver original aquí.

Los datos como revolución del conocimiento tradicional.

El  volumen de contenidos y datos presente en la sociedad actual y especialmente en internet está desencadenando una auténtica revolución en la propia sociedad y en sus procesos. La generacióny la difusión de los datos generados por el usuario ha ido cambiando y evolucionando con el tiempo, siguiendo un camino complejo.

En un principio, la aportación del conocimiento a la red, estaba limitada por la debilidad de los nodos de las conexiones. No existían potentes herramientas de interconexión y los espacios virtuales eran tan extensos como poco relacionados.

En los últimos 5 años se produce la eclosión de las redes. Millones de personas se conectan a una velocidad de vértigo organizando comunidades multiculturales y multifuncionales que interactúan; y ya no es sólo el valor de un dato, sino la interconexión de múltiples y diversos datos, fruto de la interacción entre grupos de usuarios que comparten objetivos comunes y que utilizan herramientas tan sencillas como rápidamente extendidas en entornos digitales.

Es evidente  que nuestro cerebro y nuestra actividad se ven, de repente, asaltados por una nueva dimensión, un nuevo tablero de juego donde las piezas se transforman, intercambian su papel y se organizan según el momento y la situación. Todo cambia a la velocidad de la Red. Y ésta depende del impulso de sus nodos.

El impulso del conocimiento en las organizaciones.

Las empresas comienzan a mostrar sorpresa por el vuelco en sus estructuras de gestión del conocimiento. En una sociedad hiperconectada con una apertura total, el conocimiento de los miembros de las organizaciones empieza a encontrar más interesante la compartición de “su talento” en otros escenarios más rápidos, más intensos y más enriquecidos por las aportaciones de muchas mentes, perfiles y capacidades diversas; por tanto, la experiencia fuera de los ámbitos tradicionales puede ser, sin duda, extraordinaria.

Las organizaciones empresariales comienzan a actuar rápidamente frente a estos movimientos y están surgiendo comunidades internas que utilizan herramientas similares a las que existen fuera de las fronteras de la empresa. Este hecho, sin embargo, no provoca inmediatamente una mejor gestión del conocimiento o un aprovechamiento de los datos que recorren estas nuevas comunidades. No sólo importa el qué, si no el cómo y sobre todo el por qué. Entender esto puede ser un elemento decisivo para dar poder  a los integrantes de esta nueva revolución social.

No se trata pues de retener al talento interno. Hoy, el talento tiene múltiples caras y enormes variaciones. Un talento no es sólo aquel que aporta diferenciación al negocio tradicional de la empresa. Dentro de nuestra organización puede existir un nuevo talento que podría impulsar nuevos negocios o desarrollar roles diferentes al de su día a día.  Es complejo, por tanto,  intentar ordenar este talento bajo criterios tradicionales con enfoques lineales. El open talent, el talento conectado, es una realidad y pretender limitarlo al interior de una empresa, es una apuesta equivocada.

Esto implica un enorme cambio estructural y cultural en las organizaciones. Las ideas vienen, salen, se refuerzan externamente, y vuelven a la organización para ser lideradas por personas que horizontalmente extienden el conocimiento con comunidades de talento abiertas a nuevos nodos que permitirán crecer e innovar en un entorno tan dinámico como excitante. No se trata solamente de innovar la gestión del conocimiento, se trata de transformar en la innovación, de generar una nueva cultura, una nueva gestión de la relación entre personas debilitando la jerarquía para incrementar el liderazgo. La empresa está cambiando para afrontar un entorno de ideas, talento y conocimiento que viven transformándose en una red repleta de datos que circulan en tiempo real, de forma extremadamente rápida. Todo un reto. Aquellas organizaciones que se incorporen a esta nueva dimensión liderarán los cambios del futuro.


Es probablemente la hora más decisiva. En la que muchas personas en diferentes espacios, situaciones personales, responsabilidades profesionales, tienen que hacer que las cosas pasen. Y no es fácil. La complejidad de la actual crisis es de tal magnitud, que muchas voces empiezan a preguntarse: ¿Qué es lo que tenemos que hacer, qué es lo que podemos hacer?

Es evidente que la protesta es un arma necesaria, que la movilización crece día a día, pero que la desmotivación también. Los mensajes negativos se multiplican por días y las malas noticias inundan los medios de comunicación. En el entorno cercano no hay muestras de optimismo. Es una cuestión meramente personal: o te lo creas tu mismo, o la búsqueda de la luz tiene simples y casi anecdoticos ejemplos. Pocas apuestas se están haciendo para ver alguna luz al final del tunel. A la gente se le acaba la paciencia. Y por no entrar en el merecido descalabro del prestigio de la clase política en general, con muy honrosas excepciones. Nunca antes, tan poca gente había creado tanta distancia con la ciudadanía. Pero ese es otro tema….

Dar las recetas necesarias no es una labor fácil. Ni juntando a las personas de mayor capacidad estratégica, económica, visionaria, creativa, etc, se ha conseguido encontrar una fórmula clara que nos sirva como guía. Economistas laureados con premios internacionales, doctores especialistas en economía, expertos en gestión pública, tecnólogos renombrados,….Nadie, nadie aún ha creado un camino por el que apostar para crear y proporcionar un entorno de vida estable a los millones de personas y familias, ciertamente desesperadas. La solución, por tanto, se tiene que dar en otro ámbito o junto a otras actuaciones. Es el momento de crear algo nuevo. Nuevas bases, nuevos sistemas, nuevos formatos. Desde lo anterior, pero desechando aquello que no ha funcionado, y aprovechando aquello que nos ha hecho crecer hasta donde estamos. Porque la evidencia también nos dice que hemos sido capaces de hacer grandes cosas en los últimos 35 años.

Y van a pasar cosas. Se puede formar una nueva “r-evolución” que sea más creativa, más proactiva, más común, desde las personas, más diversa, más transformadora. En donde se integren en ella, nuevos perfiles, personas con valor que no con “posición”, que trabajarán codo con codo con entusiastas, iniciadores, emprendedores, profesionales, en todos los ámbitos, para cambiar, para crear y para formar parte de lo próximo que se construya. Algo, que en determinados ámbitos, se está ya produciendo: la fuerza de la actuación, la unión de talentos, la creación en conjunto, la solidaridad,.…. En la medida que la clase política, el entramado público y financiero y las instituciones inamovibles, flexibilicen sus posturas, el punto de salida será más rápido, más consistente, creado entre muchos y apoyado por el talento de todos. Y soy optimista, porque en este entorno tan conectado, en esta sociedad tan instantánea, los silencios y la ocultación no son bienvenidos. La fuerza de las personas, de nuestro talento, creará lo próximo. Es una oportunidad.

Yo creo mucho en la actitud personal en general y el talento en particular. Todos tenemos un talento que poner en valor. Todos podemos crear desde la nada y buscar una nueva forma de hacer cosas que hasta hoy…”se habían hecho así”.  Y es el momento de actuar. Ya no sólo movidos por la idea, que se ha tornado compleja de consensuar, el reto se debe basar en la acción hacia la creación. Y aquí entran pocas discusiones y sí mucho de mentalidad ganadora. De esfuerzo, de dedicación, de equipo. Pero también de una nueva palanca.

Sin duda, cada uno desde su espacio, con sus herramientas, con aquello que tenga más a su alcance, pero creo que humildemente, la Red es una gran oportunidad. Desde donde lanzar los nuevos retos, los nuevos modelos empresariales, las nuevas normas, los modernos servicios, las nuevas organizaciones, ….. No es lo único, ni será suficiente, pero se presenta, sin ninguna duda, como la herramienta transversal que incrustada y mezclada con la economía tradicional y utilizada por personas desde el talento, puede impulsar un nuevo futuro.

Hemos vivido la red como elemento de comunicación social; su impacto ha sido espectacular. Ahora, es el turno de la Red con mayúsculas: la Red como elemento clave de creación, para la transformación del país que queremos ser en los próximos años.  Una oportunidad única.


Dejo aquí el video de la entrevista que mantuve la semana pasada, tras pasar por la mesa de Inprendedores que organizó la EOI en el SIMO Network. Se agradece el interés creciente que cada día se percibe alrededor de estas nuevas figuras “inprendedoras” en la sociedad y en todas las organizaciones, sean éstas públicas o privadas.  Todo el mundo mira hacia el desarrollo del talento como fuente de ideas y generación de las soluciones para los graves problemas actuales.